Democracia real, ¿son los políticos el problema?

Desde hace tiempo, las encuestas indican que los políticos emergen como una de las primeras preocupaciones de los españoles en plena crisis económica. Y si bien es cierto que son parte del problema, el populismo no es la respuesta. Abramos el debate en serio y busquemos fórmulas adecuadas. No deberían ser oportunistas bajo la forma de estrategias de comunicación más o menos brillantes u ocurrentes, sino parte de un proyecto colectivo de largo alcance que ilusione y de cauce a tanta energía desaprovechada.

Me gustaría aportar algunos elementos. Una cuestión de fondo en democracia: los políticos son parte de la sociedad y todos tenemos responsabilidad en lo público. No estamos en una sociedad democrática para votar y protestar exclusivamente. Una reflexión contextual: nuestra forma de vida ha cambiado, simplemente. La inmensa mayoría de la sociedad y sus instituciones no se han dado cuenta y pretenden seguir utilizando las mismas lentes del pasado, las mismas herramientas, las mismas estructuras y los mismos discursos!

Si levantamos un poco la mirada, este desencuentro o distanciamiento entre ciudadanos y políticos no es exclusivo de España, es un problema global, aunque ciertamente tenemos nuestras particularidades. Según Víctor Pérez-Díaz en su reciente libro Alerta y desconfiada: la sociedad española ante la crisis: “Todas las sociedades europeas tienen problemas a la hora de entender y manejar la crisis actual; pero la española se enfrenta con una crisis objetivamente más grave con un bagaje cultural inferior”. Los problemas son más graves y no estamos bien preparados. Hemos avanzado mucho pero no lo suficiente y no en todos los terrenos. Y el dirigismo paternalista no ayuda.

Ausencia de altura y de profundidad en el debate público.  Problema de los políticos que lo han monopolizado en los últimos años, pero también de aquellos que se inhiben a la hora de contribuir a la pedagogía colectiva de los problemas y del proyecto común que nos permita solucionarlo. Tenemos que elevar por tanto el nivel de cultura colectiva acerca de los retos que afrontamos. Ir más allá de los titulares y no obviar las explicaciones necesarias. No podemos seguir planteando seriamente el debate como un enfrentamiento entre economía de mercado y política. Como bien argumenta VPD, el nivel de cultura económica de nuestro país es muy bajo y bajando. Debe mejorar la formación de nuestros políticos pero sin duda también la del conjunto de los ciudadanos. El mundo, insisto, ha cambiado y ello exige un aprendizaje continuo. La obligación de los líderes, su propia naturaleza, es anticiparse a los cambios.

Y es que “lo público”, “la política” no son compartimentos estanco ni exclusivos de una determinada clase política y burocrática. Esa distancia e incluso desprecio se alimenta del desconocimiento. Hay una falta de interés preocupante por conocer al otro y por tanto por propiciar una mínima comunicación positiva en la que se pueda alcanzar un mejor entendimiento de los problemas. ¡Que lo resuelvan ellos que para eso están y para eso les pago! Lo público es de todos y todos debemos participar en ello. Más que estar bien pagados, que también y con un mayor nivel de exigencia, debemos reconocer y valorar el servicio público por su contribución al  bien común en lugar de denostar y no apostar por los profesionales que se dedican a la política. Entonces el talento irá a lo público con más facilidad porque sumará en su carrera y proyecto vital en lugar de restar como ocurre hoy en España.

Las instituciones actuales no sirven para canalizar las aspiraciones y por tanto no son representativas. Pero no nos engañemos, este es un defecto no sólo de los partidos políticos sino de todas aquellas organizaciones que representen intereses (organizaciones multilaterales, agentes sociales,…). No pueden seguir funcionando con esquemas del siglo pasado. Deben reinventarse, recuperar su esencia -la misión de servicio al grupo y no su propia supervivencia- y ponerla en el nuevo contexto. Estamos en una crisis de gobernanza pero las instituciones son necesarias, probablemente más que nunca para, con una mirada más amplia, responder a los intereses individuales desde el interés general que es crecientemente global. Eso requiere organización inteligente y liderazgo, y el concurso de todos.

Los políticos son parte del problema pero el populismo no es la respuesta. Democracia real sí y eso empieza por una sociedad real de ciudadanos responsables.

Artículo publicado en El Economista

 

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